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domingo, 12 de febrero de 2017

NACIMIENTO DEL ESPIRITU SANTO

Hay personas que, al tener la experiencia de la Renovación Carismática, la
comparan con un nuevo nacimiento. Hablan de haber renacido en el Espíritu,
y el texto evangélico al que acuden para expresar su vivencia espiritual es el
diálogo de Jesús con Nicodemo, que se narra en el capítulo tercero de san Juan (Jn 3, 1-
8).
Nicodemo era un escriba piadoso que había acudido una noche a conversar con Jesús.
La visita nocturna parecía apropiada, dada la hora avanzada, porque no había afanes ni
interrupciones, ni tampoco muchos testigos que hubieran podido delatar a Nicodemo ante
las autoridades judías. Lo cierto es que el escriba, en las tinieblas, descubrió la luz.
Ya desde el inicio de la entrevista, Jesús dijo a su interlocutor que para ver a Dios tenía
que nacer de nuevo. Jesús hablaba no sólo de una posibilidad o conveniencia, sino de una
necesidad absoluta. Esa frase, de acuerdo al idioma griego, en que fue escrito el
evangelio, puede tener dos sentidos: nacer de nuevo o nacer de lo alto.
Nicodemo la entendió en el primer sentido, y preguntó cómo era posible que una
persona adulta se hiciese otra vez pequeñita, retornase a las entrañas maternas y volviese
a nacer.
Pero Jesús subrayó el segundo sentido: había que nacer de arriba, es decir, de Dios;
había que comenzar a vivir con la presencia, con la gracia, con la luz del Espíritu Santo,
quien reviste de plena novedad nuestra existencia. No se trata de rehacer el cordón
umbilical que nos transmite alimento y vida corporal. Se requiere un corazón nuevo, un
espíritu nuevo. Se necesita no sangre humana, sino Espíritu divino.
En la Biblia, se vincula al Espíritu de Dios con el origen de la vida. El Espíritu divino,
mencionado como soplo o como viento, aparece en la creación del mundo (cf Gén 1, 1-2),
en la creación de las estrellas (cf Sal 33, 6), en la vida de Adán (cf Gén 2, 7), en el aliento
que anima a todos los seres vivientes (cf Job 34, 14-15; 27, 3-4; Sal 104, 29-39), en la
resurrección de las ilusiones del pueblo (cf Ez 37, 1-14), en el corazón nuevo que se da a
los mortales (cf Ez 11, 19-21; 18, 31; 36, 25-27). Ese es el cambio que realizan no las
fuerzas de la naturaleza humana, ni la evolución de las especies, sino el Poder de Dios.
No es una metamorfosis, como la del tosco gusano que se transforma en bella
mariposa. Los gusanos se arrastran pesadamente, se defienden con púas que causan
molestias y se alimentan con las hojas de las plantas. Las mariposas que brotan de los
capullos son hermosas, vuelan, liban el néctar de las flores. Parecen dos seres diferentes,
pero es el mismo ser, que ha evolucionado.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Visión y Naturaleza del Movimiento de la Renovación carismática católica en el Espíritu Santo [Tuxtla Gutierrez, Chis.]

La Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo es un movimiento de renacimiento espiritual bajo el signo de Pentecostés que se caracteriza por la oración espontánea, libre y gozosa en pequeños grupos y asambleas, acompañada por un contacto vital con la Sagrada Escritura que lleva a un encuentro personal con el Dios Vivo, principio y fundamento de la vida y del compromiso cristiano. Si la Renovación pretende vincularse con el misterio de Pentecostés, debe, por ese mismo título revestir las mismas características de Pentecostés. Leyendo el libro de los Hechos de los Apóstoles 1,14; 2,1-4,14-21, 42-47, podemos descubrir que el acontecimiento tuvo cuatro dimensiones:

1.- La oración comunitaria en compañía de Maria Santísima, madre de Jesús y de la iglesia.
2.- La presencia y acción del Espíritu Santo que transforma el corazón de los discípulos haciéndolos "hombres nuevos", "nueva creación".
3.- El Espíritu Santo comunica a los Apóstoles numerosos carismas, que son dones para construir la Iglesia de Cristo.
4.-Nació la Iglesia, comunidad de creyentes de Cristo que participaban en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión o participación de bienes, en la Fracción del Pan y en las oraciones.

Su Santidad, el Papa Juan XXIII, anunció la celebración del Concilio Vaticano II el 25 de enero de 1959, habiendo iniciada la primera sesión el 11 de octubre de 1962; en este Concilio el Papa pidió "Un nuevo Pentecostés para la Iglesia" y poco tiempo después de su clausura por el Papa Pablo VI el 8 de diciembre de 1965 la gracia conciliar se difundió a toda la gran comunidad cristiana.


2.- NACIMIENTO DE LA RENOVACIÓN.

En la primavera de 1966 en la Universidad Católica de Duquesne. Pittsburg, dos seglares, profesores de la Universidad, se sentían muy desanimados por los pocos frutos de su apostolado en los que estaban decididamente comprometidos: ¿Por qué Pedro, con su discurso convirtió a 3000 personas y nosotros, con 3000 discursos no convertimos a nadie? ¿Por qué la gente no cambia radicalmente como Zaqueo, la samaritana y la comunidad primitiva? ¿Por qué no sucede nada cuando predicamos o cuando se celebran los misterios de nuestra fe?

Se analizaron y se dieron cuenta que lo que les hacía falta era el Poder de Jesús y de los apóstoles para predicar la Palabra de Dios. Entonces, releyendo con avidez el Nuevo Testamento, especialmente los pasajes donde se habla de la Iglesia primitiva, cayeron en cuenta que lo que necesitaban era pedirle a Dios les enviara una nueva efusión de su Santo Espíritu para tener la fortaleza, el ánimo y la luz para transmitir el Evangelio y transformar el mundo como los primeros apóstoles.
Hicieron un pacto entre ellos: orarían todos los días con el himno del día de Pentecostés: 'Ven, Espíritu Santo". Así lo hicieron por todo un año. Luego, se pusieron en contacto con otros cristianos que habían tenido experiencias espirituales al influjo del Espíritu Santo. Asistieron a un grupo donde se oraba, cantaba, leía la Biblia, se imponían manos, etc. fue allí donde ellos recibieron la Luz y la Fuerza del Espíritu Santo.

3.- LLEGADA A MÉXICO

A México llegó a finales de 1970, cuando se celebró en la Ciudad de México el primer retiro de renovación en el Espíritu Santo, dirigido por el P. Harold Cohén, S. J. de Nueva Orleáns, E.U.A. De ahí surgió el primer grupo de oración. A partir de entonces y en particular, después del primer congreso que se celebró un año mas tarde, esta obra del Espíritu y sus frutos, se multiplicaron y difundieron por toda la República.

PRESENCIA EN TUXTLA GUTIÉRREZ.

En el año de 1981, un pequeño número de católicos, 5 o 7 personas, se empezaron a reunir, haciendo oración ante el Santísimo en el templo de Nuestra Señora de Guadalupe, con la anuencia del Sr. Párroco, el Padre Sergio Maciel Espinosa.

Con el tiempo, este pequeño grupo fue creciendo e hicieron los primeros retiros de iniciación en el año de 1982, en las casas de algunos participantes. Para este momento ya se encontraba guiándolos el Padre Rodolfo García, de la misma parroquia, con el Sr. Mario Castro como primer coordinador y con el conocimiento y aceptación de parte del Sr. Obispo José Trinidad Sepúlveda. Al ser trasladado el Padre Rodolfo a otra Diócesis, lo sucedió el Padre Miguel Alfaro, auxiliándolo en los retiros el Padre Antonio Dávalos.

Al aumentar el grupo de participantes, las asambleas y oraciones se realizaban ya en el bautisterio de la Parroquia. Posteriormente al Padre Miguelito y ya siendo Monseñor Felipe Aguirre Franco Obispo de Tuxtla, se hacen cargo, como asesores del Movimiento, primero el Padre Sergio Maciel y después el Padre Hermenegildo Pérez. Para este momento, las asambleas se efectuaban en el templo y los retiros en el Oasis de la Cruz. Al ser nombrado asesor nuevamente el Padre Sergio, los retiros pasaron a realizarse en la Casa de San Marcos.
En febrero de 1996 el Movimiento fue trasladado a la Parroquia de San Francisco de Asís, habiendo sido nombrado asesor, a partir de octubre del mismo año el Padre Antonio Dávalos Benítez y en mayo de 1997, fue nombrado los Señores Francisco y Conchita Cázeres Coordinador del Movimiento. En septiembre de 2005 fue nombrado asistente el Pbro. Elí Ballinas Urbina y coordinadores diocesanos Alberto Ortiz y Leticia Moreno.

Hermano hubeymar y chelita  2009-2012
Hermanas maluye y lulu (peque) 2012-2015
Hermano Leonel y Gaby 2015 -2018

4. OBJETIVO

En todas y cada una de sus actividades el Movimiento de Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo busca permanentemente mediante la acción y gracia del espíritu santo tener un encuentro con el Dios vivo que se manifieste en una conversión profunda y continua a Jesucristo, en una rica vida sacramental y litúrgica y en un compromiso apostólico con la comunidad.

domingo, 11 de octubre de 2015

oracion cantada en lenguas


DON DE LENGUAS -predica-


Motivacion para este don,siempre en cuando en obediencia ala iglesia .
Avemaria purisima

EFESIOS 6,18


"Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo en favor de todos los santos, sus hermanos."

Asamblea de Oracion -RENOVACION CARISMATICA CATOLICA MEXICO-


Apolegetica

“Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a
dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero
hacedlo con dulzura y respeto.”1
La apologética católica es la parte de la teología que busca explicar las razones de la fe;
demuestra las razones de la doctrina ante los adversarios y señala los errores para
proteger su integridad.
Ya desde los comienzos de la Iglesia fue necesaria la apologética, pues ni siquiera
estando vivos los Apóstoles, se vio libre ésta de personas que malinterpretando el
contenido de la Revelación, terminaban por desviarse de la sana doctrina2. La estructura
misma de la Iglesia, compuesta por distintos ministerios y apostolados tiene la finalidad
de conducir a los creyentes a la madurez y plenitud de la fe3.
La Iglesia enfrenta desde entonces tres de sus más grandes enemigos: La herejía, la
apostasía y el cisma. La herejía se origina con un juicio erróneo de la inteligencia sobre
verdades de fe definidas como tales, y es concebida cuando este juicio erróneo es
sostenido de forma voluntaria y pertinaz en contra de la autoridad de Dios depositada en
Pedro, los Apóstoles y sus sucesores.
El cisma ocasiona la ruptura de la unidad y unión eclesiásticas, y es severamente
condenado en la Escritura, al punto de que el Apóstol San Pablo ordena en nombre de
Jesucristo apartarse de los cismáticos4. El Apóstol San Juan incluso llega a utilizar el
término anticristos para quienes saliendo del seno de la Iglesia, terminaron finalmente
por apartarse de ella5.
Todo aquel que estudie la historia de la Iglesia a fondo encontrará que tuvo que
enfrentar incontable número de herejías, que por un lado intentaban herir la unidad de la
Iglesia, pero por el otro daban la oportunidad de reflexionar, profundizar y explicitar las
verdades de la fe.

Pero si a lo largo de la historia hubo múltiples herejías, nada podría compararse con el
caos que se originaría en la Reforma Protestante. Martín Lutero se separa de la Iglesia
proclamando como bandera la Sola Escritura y el Juicio Privado. Es abierta la Caja de
Pandora, y cada creyente se cree con la autoridad de interpretar individualmente la
Escritura, inclusive en aquellos puntos donde la Iglesia se ha pronunciado de forma
dogmática y definitiva. Renacen las antiguas herejías y surgen otras nuevas adecuadas a
la interpretación personal de cada nuevo líder carismático. Lutero y los reformadores
pierden el control de su “reforma” y comienza una división exponencial indetenible
dentro del protestantismo que continúa en la actualidad. Es casi imposible contabilizar el
número de denominaciones protestantes, difiriendo entre sí en puntos medulares de la
doctrina cristiana. Inclusive dentro de la Iglesia nos encontramos con personas que
afirmando profesar la fe católica, rechazan abiertamente los dogmas de fe.
Es, en este contexto, donde más que nunca es necesaria una sana apologética. El pueblo
católico carece en la mayoría de los casos del conocimiento necesario para reconocer el
error y apartarse de él, convirtiéndose en presa fácil del protestantismo y sus
desviaciones. También hay muchos cristianos sinceros, que aún fuera de la comunión
visible con la Iglesia Católica, buscan la verdad plena con corazón sincero, y se les
dificulta encontrarla, por causa de los prejuicios que han sido sembrados en ellos por las
diferentes ideas de pensamiento adversas a nuestra fe.
El Papa Juan Pablo II, en su discurso a los obispos de las Antillas, en visita ad limina, el
7 de mayo de 2002 decía:
“En la exhortación apostólica Ecclesia in America afirmé que «es necesario que los
fieles pasen de una fe rutinaria (...) a una fe consciente, vivida personalmente. La
renovación en la fe será siempre el mejor camino para conducir a todos a la Verdad,
que es Cristo» (n. 73). Por eso, es esencial desarrollar en vuestras Iglesias particulares
una nueva apologética para vuestro pueblo, a fin de que comprenda lo que enseña la
Iglesia y así pueda dar razón de su esperanza (cf. 1 P 3, 15). En un mundo donde las
personas están sometidas a la continua presión cultural e ideológica de los medios de
comunicación social y a la actitud agresivamente anticatólica de muchas sectas, es
esencial que los católicos conozcan lo que enseña la Iglesia, comprendan esa enseñanza
y experimenten su fuerza liberadora. Sin esa comprensión faltará la energía espiritual
necesaria para la vida cristiana y para la obra de evangelización.
La Iglesia está llamada a proclamar una verdad absoluta y universal al mundo en una
época en la que en muchas culturas hay una profunda incertidumbre sobre si existe o no
esa verdad. Por consiguiente, la Iglesia debe hablar con la fuerza del testimonio
auténtico. Al considerar lo que esto entraña, el Papa Pablo VI identificó cuatro
cualidades, que llamó perspicuitas, lenitas, fiducia, prudentia: claridad, afabilidad,
confianza y prudencia (cf. Ecclesiam suam, 38).

domingo, 28 de junio de 2015

El criado del centurión

 Un centurión fue a Jesús para suplicarle que curara a su criado. Jesús le dijo: «Iré inmediatamente», pero el centurión le respondió: «Oh no, no hace falta que vengas. No soy digno de que entres en mi casa. Di una sola palabra y mi criado quedará sano». En este pasaje encuentro dos enseñanzas. Una es la sanación a distancia. A veces, la gente cree que alguien que reza por la sanación tiene que estar con la persona enferma. Dirán: “«¡Oh, si la hermana Briege pudiera venir e imponerle las manos, sucedería!». La gente puede hacerte sentir culpable por no poder estar en todas partes y por no poder orar por todos. En este pasaje del Evangelio, el centurión creyó que lo único que tenía que hacer era pedirle a Jesús, que Jesús no estaba limitado. En efecto, Jesús no está confinado en un lugar. Dios está en todas partes, y si creo que Jesús es Dios, entonces tengo que creer que su poder no tiene límites y que para Él no hay distancias. Esto me ha ayudado mucho en el ministerio de sanación. No tengo que estar yendo de un lado a otro para estar con los enfermos. A través de mi ministerio por teléfono, oro por personas de un rincón a otro del planeta. No estoy con ellos, pero me uno a ellos y hago justo lo que el centurión hizo con Jesús. Podemos estar unidos espiritualmente ante Dios y pueden ocurrir las sanaciones. El Señor es quien sana 59 Hace algunos años, estaba en México. Fui al hospital para orar por un sacerdote que tenía cáncer. El sacerdote estaba muy grave. Dije una breve oración y salí del hospital. Al día siguiente, estaba ejerciendo mi ministerio con un gran grupo de sacerdotes y una señora se me acercó, nos interrumpió y dijo: «Acabo de recibir una llamada del hospital diciendo que el padre se está muriendo». Cuando la mujer nos lo comunicó, de manera espontánea pedí a los sacerdotes que nos uniéramos en oración. No pensé que eso fuera algo extraordinario. Para mí orar era lo natural. El Evangelio del día siguiente era la sanación del criado del centurión. El sacerdote que leyó el Evangelio nos dijo lo que pasó por su mente cuando recibimos la noticia del sacerdote moribundo: «Cuando entró esa señora y nos dijo que el padre se estaba muriendo, pensé que sor Briege tenía que ir al hospital con él». El sacerdote dice que en ese momento sintió una voz interior que le decía: «No necesito que sor Briege vaya al hospital, sino que vosotros y ella creáis en mi poder». Se dio cuenta de que no tenía que limitar a Jesús a la hermana Briege, que ella sólo era un instrumento. Lo que Dios quería que hiciera en ese momento era enseñar y compartir con esos sacerdotes, y eso era lo que estaba haciendo. El hecho de que yo esté limitada físicamente en un sitio no debe limitar al Señor. Un año después, recibí una llamada telefónica de un sacerdote que me dijo: «Hermana Briege, acabo de leer un precioso testimonio en una revista mexicana sobre un sacerdote por el cual usted oró y que fue totalmente sanado. Ahora ha vuelto a dar clases en la universidad». Me leyó el testimonio, y mientras lo hacía, es como si oyera al Señor decirme: «Recuerda que porque creíste y porque confiaste, el sacerdote fue curado». Y fue como revivir la historia del criado del centurión. En otra ocasión, en un servicio de sanación en Escocia, dije a la gente como siempre hago: «No hace falta que ore por las 60 Briege McKenna Los milagros sí existen personas individualmente. Todos los que estamos aquí creemos que Jesús vive en nosotros. Todos estamos llamados a ser canales de amor. Y es el amor que nos tiene el Señor lo que nos sana». A continuación invité a la gente a interceder por sus seres queridos que no estuvieran presentes en el servicio de sanación: «Pedid a Jesús que llegue hasta ellos y los toque, como suplicó el centurión a Jesús por su criado enfermo». Una señora de entre los asistentes tenía una hermana en Irlanda que al día siguiente iba a ingresar en el hospital para que la operaran de un tumor canceroso. Durante el servicio de sanación en Escocia, empezó a orar por su hermana en Irlanda. En ese momento el Señor empezó a actuar en la mujer con cáncer. Tres semanas después conocí a aquella mujer. Me dijo que no sabía que su hermana que estaba en Escocia estuviera orando por ella, pero cuando fue al hospital, el tumor había desaparecido totalmente. Estaba curada. Ésta era una confirmación más de que el Señor puede curar a distancia, y que nunca debemos poner límites al Señor. Hay otra lección del mismo pasaje del Evangelio en Mateo 8: el poder de la intercesión. ¿Qué estaba haciendo este centurión? Fue a Jesús e intercedió por su criado. Suplicó a Jesús que lo sanara. Es uno de los grandes ejemplos de la necesidad que tenemos de creer cuando oramos. Mi tía Lizzie ha sido una gran fuente de inspiración y de gozo en mi vida. Según cuenta ella, llegó una señora a su casa en Irlanda para verme. Yo no estaba en casa, así que tía Lizzie decidió que ella misma evangelizaría a esta persona. La mujer, como suelen hacer al preguntar por mí en mi ciudad natal, preguntó a tía Lizzie: «¿Está la monja en casa?». Mi tía respondió: «La monja no está, pero usted no necesita verla. Escriba en una hoja sus intenciones y ella intercederá por usted ante Jesús». La señora le dijo: «Está bien, deme la libreta» y comenzó a escribir. El Señor es quien sana 61 Había en la calle dos autobuses llenos de gente que aquella mujer había traído desde el otro extremo de Irlanda. Estuvo escribiendo sus intenciones durante una hora y media mientras las personas se las iban gritando desde las ventanillas de los autobuses: «Paddy, ¿dónde te duele? Mary, ¿qué te ocurre?». Tía Lizzie comenzó a cansarse de estar ahí de pie y le dijo a la señora: «¿Sabe?, debería hablar con Dios usted misma. Debería pedirle a Jesús e interceder usted misma». Ella miró a tía Lizzie y le dijo: «¿Interceder? ¿Hablar con Dios? ¡He estado hablando con Dios durante cuarenta años y nunca me ha escuchado!». Tía Lizzie le contestó: «Bueno, a lo mejor no le habla correctamente». Y la mujer dijo: «Bueno, yo sólo conozco una manera. ¿Conoce usted alguna otra?». Más tarde, tía Lizzie me dijo: «¿Sabes?, lo mejor es que tú misma te ocupes de evangelizar, ¡porque lo que es yo, no supe qué responderle!». Pero, ¿no es cierto que mucha gente dice que lleva hablando a Dios durante cuarenta años y no ha recibido ninguna respuesta? Y es que no le han escuchado. Jesús sí nos responde, pero puede ser que no lo haga inmediatamente. La oración de intercesión no siempre recibe una respuesta inmediata. Otra historia nos muestra la importancia de la oración de intercesión y cómo hay que perseverar en ella. Hace algún tiempo, mientras daba un retiro de matrimonios, se me acercó un señor. Estaba muy atribulado porque su matrimonio pasaba grandes dificultades. Él y su mujer tenían muchas actividades diferentes, y se estaban distanciando en su relación. Para complicar más las cosas, tenía evidencia de que su esposa le había sido infiel. Él había acudido a un consejero matrimonial, y éste le dijo que le diera un ultimátum a su esposa y que, si eso no funcionaba, pidiera el divorcio. El hombre me dijo que eso lo destrozó, porque no aceptaba que el divorcio pudiera ser una solución a su problema. No sabía qué hacer. 62 Briege McKenna Los milagros sí existen Le llevé a la iglesia ante el sagrario. El Señor me dio una palabra para él: las cosas iban a empeorar, pero luego mejorarían. No era una palabra muy consoladora para dársela al pobre hombre. Le dije que esto sería una prueba para su fe, que a veces tenemos que perseverar en la oración e intercesión por alguien. Le expliqué que cuando intercedemos por otros, Dios puede obrar en nuestras vidas también, y podemos llegar a creer que los milagros ocurren. Le dije que un aumento de fe era uno de los beneficios de perseverar en la oración. Después de esto, me telefoneaba para que orara por él. Lo único que podía decirle era. «Sigamos orando y no te des por vencido». Me decía: «Amo a mi esposa», y es que sentía en su corazón que el Señor no quería que él se separara de su esposa, que su matrimonio había sido bendecido por la Iglesia, que era un sacramento. Todos sus consejeros le decían: «Si yo estuviera en tu lugar, la abandonaría»; sin embargo, cada vez que hablaba conmigo yo lo alentaba a que no se diera por vencido. Le recordaba que Jesús dijo que nada sería imposible para el hombre que creyera. Sentía mucha pena por él: «Es muy difícil identificarse con alguien que sigue rechazándole, pero identifí- cate tú con Jesús. Aún hoy, Jesús nos ama y nosotros lo seguimos rechazando. Pero Él nunca deja de amarnos. Si tú te empeñas en sanar tu matrimonio por ti mismo, no lo lograrás. Pero puedes pedir a Jesús que te dé una fortaleza sobrenatural. Esto no te evitará el sufrimiento ni el dolor del rechazo, pero obtendrás la fortaleza necesaria para perseverar». Un día me telefoneó y me dijo: «Hermana Briege, quiero darle las gracias. Dios respondió a nuestras oraciones». Entonces me relató una experiencia espiritual preciosa que su esposa y él tuvieron. Una noche, los dos sintieron la presencia transformadora de Dios, mientras se preparaban para ir a la cama. Él no había tenido relaciones con su esposa desde hacía algún tiempo, porque el saber que le había sido infiel suponía una barrera que le impedía expreEl Señor es quien sana 63 sarle su amor. Pero cuando se acostaron esa noche, el Señor los envolvió en su amor, y recreó en ellos el amor que se habían tenido cuando se casaron. Jesús los transformó. No sólo renovó su matrimonio, sino que les dio todos los dones del Espíritu Santo. El hombre dijo que quería verme. Ocurrió que estaba en la ciudad donde él vivía, así que le dije que viniera. Cuando llegó, me dijo: «Hermana Briege, espero que esto no sea un insulto para usted, pero usted es una gran señal para llevarnos a Jesús. Muchas veces, al irme a trabajar, sentí ganas de acudir al juzgado para pedir el divorcio, pensando: ¿por qué tengo que pasar por todo esto?, pero cada vez que hablaba con usted, al señalarme a Jesús, me hacía volverme atrás. No es que me llevara allí, pero desde luego me indicó lo que Jesús podía hacer. Hoy se lo agradezco, por haber sido una señal en el camino: no me lleva a donde quiero ir, sino que me señala la dirección que debo tomar para llegar. Aprendí dos lecciones de todo esto —dijo—, primero, nunca debo tomar mi matrimonio a la ligera. Amo a mi esposa, pero nunca se lo había dicho realmente. Segundo, nunca debo subestimar el poder de la oración ni la fuerza sobrenatural que nos viene de ella».

El Señor es quien sana

 J ESÚS ES QUIEN SANA.
Él tiene una forma de sanar, que se encuentra en la Sagrada Escritura. Cada sanación que Jesús realizó estuvo unida a una enseñanza. Él no sanaba y dejaba la cosa así, sino que con cada oportunidad instruía a sus discípulos. Al caminar diariamente con el Señor en la oración, Él empezó a enseñarme más y más sobre su ministerio de sanación. Me capacitó para que fuera más efectiva dejando que Él obrara a través de mí. Al principio del ministerio de sanación, había muchas cosas que no comprendía. Una de las preguntas que me hacía mucha gente, y yo también me hacía, era: «¿Qué ocurre cuando oras por personas y no mejoran, cuando se mueren, cuando el Señor responde llevándoselas con Él? ¿Cómo consuelas a sus seres queridos en esa dolorosa experiencia, cuando ellos habían orado esperando una sanación?». A través de una experiencia así, yo aprendí una definición de sanación. Hoy empleo esta definición cuando me preguntan en qué consiste el ministerio de sanación. Decirle sí a Dios Hace algunos años, el padre de una niña de 9 años vino a verme. Estaba destrozado. Era su única hija y se estaba murien- do de leucemia. Había oído que el Señor me había usado como instrumento suyo para llevar la sanación a personas con leucemia, especialmente a niños. Desesperado me dijo: «Lo he probado todo, y nada ha funcionado, incluso he probado con Jesús. Pero Él no ha hecho nada, así que ahora depende de usted». Le respondí: «Si olvida que yo sólo trabajo para Jesús, que yo sólo soy su instrumento, se va a volver a decepcionar». Fui al hospital con él, esperando al menos poder consolarle. La niña estaba en la cama moribunda, con grandes dolores. Cuando me arrodillé y tomé su manita, era como si a través de ella me transmitiera el siguiente mensaje: «No necesito sanación, es mi padre el que la necesita. Yo estoy feliz de irme». Decidí que tenía que hablar con el padre, porque estaba intentando presionarme diciendo que su hija se iba a sanar, porque eso era lo que quería oír. Si la hermana Briege dijera eso, le haría sentirse bien. Mientras estaba arrodillada al lado de la niña, me hubiera gustado poder decir: «Se va a sanar como ustedes desean», pero entonces yo estaría tomando el lugar de Dios; estaría asumiendo una postura en la que permitiría que la compasión hablara en mi lugar. La compasión es buena, pero no debe usurpar el puesto de Dios ni hablar por Él. El padre y yo abandonamos el pabellón y salimos a la sala de espera. Allí hablé con él y con su esposa. Tomé las manos de ambos y les dije: «Me encantaría decirles que Mary se va a sanar del modo que ustedes desean, pero yo no sé cómo va a ser curada. Lo que sé es que Jesús no va a defraudarlos, porque Él los quiere, y a su pequeña Mary, mucho más de lo que nadie pueda amarla. Él les dará la fortaleza que necesitan y sanará a Mary del modo que Él considere mejor». Los padres de la niña no podían aceptar lo que les acababa de decir. Estaban destrozados. Cuando salí del hospital, hubiera querido poder curar a Mary, pero sabía que no podía hacerlo. Esta revelación de que no podemos hacer lo que queremos, 54 Briege McKenna Los milagros sí existen demuestra que somos tan sólo instrumentos, que no tenemos control sobre lo que Dios hace. La gente a menudo actúa como si pudiera manipular a Dios para que hiciese lo que ellos quieren que haga. Si crees suficientemente o dices lo correcto y si tienes suficiente fe, Dios tiene que actuar. Pero a través de esta experiencia, Dios me enseñó que Él no cambia para favorecernos. Mientras oramos, y a través de la oración, nosotros cambiamos para adaptarnos a la voluntad de Dios. Cuando entendemos esto, aceptamos las situaciones difíciles, porque Dios nos da la fuerza, gracia y visión. Nos muestra su voluntad con mayor claridad. Unos tres días después de mi visita al hospital, me telefonearon los padres para decirme que la pequeña Mary había muerto. Inmediatamente pensé: «Será mejor que vaya a verles porque deben de estar destrozados». Nunca olvidaré a esta niña en el ataúd en la funeraria, sus padres estaban de pie a su lado. El padre se acercó a mí, me abrazó y me dijo: «Hermana Briege, quiero darle las gracias». Se volvió, extendió su mano señalando a la niña y dijo: «¿Sabe?, ahora me doy cuenta de que la sanación no consiste en conseguir que las cosas salgan como uno quiere, sino en recibir la fortaleza y la gracia de decir sí a lo que Dios quiere. Ahora me doy cuenta de que Mary no era mía. Me fue entregada para que la nutriera, la amara y la cuidara, pero ella era del Señor. ¿Y quién soy yo para decirle a Dios lo que debe hacer? Pero quiero decirle que hace dos días no lo hubiera aceptado. Una hora antes de que muriera, no lo aceptaba. Ahora comprendo que Dios no nos da la fortaleza para algo a lo que vamos a tener que enfrentarnos dentro de un mes o dentro de dos semanas. Él nos da la fortaleza cuando la necesitamos. Simplemente quiero darle las gracias. Mary fue sanada y se fue al cielo, pero yo, su padre, me quedé aquí para hablarle a los demás de la belleza de la fortaleza que nos da el Señor y que Él siempre responde a nuestras oraciones». El Señor es quien sana 55 Lo que ese padre dijo nos muestra algo de lo que realmente es la sanación. La sanación es decir sí a Dios. Cuando nosotros, como hijos de Dios, podamos decirle que sí, nunca seremos heridos. El Señor nunca haría nada en nuestra vida que pudiera lastimarnos. Él es un Dios de amor. Cuando nos resistimos y no queremos enfrentarnos a las cosas y decimos no, es cuando nosotros mismos nos dañamos. Veo que mi misión en este ministerio de sanación es ayudar a la gente en cualquier estado de vida para decirle sí a Dios, tal como yo misma debo decirle sí en mi propia vida diaria. Veamos algunos pasajes del Evangelio para ver cómo Jesús sanó durante su ministerio en la tierra, y cómo la gente le seguía cuando la sanaba. Esta reflexión nos ayudará a entender mejor cómo nos sana Jesús hoy. Dios sigue siendo el mismo hoy como entonces y nosotros no somos tan diferentes de las personas que vivieron en tiempos del Nuevo Testamento.

miércoles, 17 de junio de 2015

RUAH

. "Ruah", el nombre del Espíritu


La primera estrofa del Veni creator, traducida al pie de la
letra, dice así:
"Ven, Espíritu creador,
visita nuestras mentes,
llena de gracia celestial
a los corazones que has creado".
El tema de esta meditación introductoria son las dos primeras
palabras del Veni creator: “¡Ven, Espíritu!”, y en particular el
nombre Espíritu. Lo primero que conocemos de una persona,
normalmente, es su nombre. Con él la llamamos, la distinguimos
de las demás y la recordamos. También la tercera persona
de la Trinidad tiene un nombre, aunque, como veremos, de una
naturaleza un tanto especial. Se llama Espíritu.
Pero Espíritu es el nombre traducido; cuando se ama de
verdad a una persona, se desea conocer todo de ella, empezando
por su verdadero nombre “de pila”. El verdadero nombre
del Espíritu, aquél por el que le conocieron los primeros destinatarios
de la revelación, es ruah. ¡Es tan dulce invocar, a veces,
al Espíritu con esta palabra salida de los labios de los profetas,
de los salmistas, de María, de Jesús, de Pablo! La otra etapa por
la que el nombre del Espíritu Santo ha pasado antes de llegar a
nosotros es la de pneuma. Con este nombre se le señala en los
escritos del Nuevo Testamento.
Para los judíos el nombre era tan importante que casi se
identificaba con la persona misma. Santificar el nombre de
Dios es santificar y honrar al propio Dios. Además, no se trata
de un calificativo meramente convencional, como nos ocurre a
nosotros hoy en día; siempre dice algo de la propia persona, de
su origen o función.
Eso ocurre también con el nombre ruah, que contiene la
primera y fundamental revelación sobre la persona y la función
del Espíritu Santo. Por eso, es importante que empecemos con
él nuestro camino de búsqueda de la realidad del Espíritu.
¿Qué significa ruah en hebreo? En su origen, y en su raíz,
significa el espacio atmosférico entre cielo y tierra, que puede
ser sereno o agitado: un espacio abierto, como una pradera,
donde se percibe más fácilmente el soplo del viento; por extensión,
el “espacio vital” en que el hombre se mueve y respira.
Este significado primordial del término ha dejado un rastro en
la posterior teología del Espíritu Santo. En efecto, con mucha
frecuencia se habla de él, sobre todo en el Nuevo Testamento,
con un adverbio de lugar. La preposición que se utiliza para
hablar de él es en, así como para el Padre es de, y para el Hijo
por: “Por el Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo”. El
Espíritu Santo es el espacio espiritual, una especie de “ambiente
vital”, donde se produce el contacto con Dios y con Cristo.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

ORACION POR ENFERMOS


El orar por los enfermos es un mandamiento del Señor Jesús. Él mandó a sus discípulos a hacer lo mismo que Él hacía, predicar el mensaje del reino y probar el mensaje con señales y Milagros, incluyendo sanar a los enfermos.
Entonces llamando a sus doce discípulos, Jesús les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las instrucciones siguientes, diciendo: …  A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca. “Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar”.
Mateo 10:1, 5, 7-8 (versión Biblia Latinoamericana 2005)
Y luego, Jesús extendió este mandato a todos los creyentes en el futuro, cuando les dijo que le enseñaran a todos los nuevos discípulos a guardar lo que les había mandado.
Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia. Mateo 28:19-20 (versión Biblia Latinoamericana 2005)
Puesto que Jesús había enviado a los discípulos a sanar a los enfermos, echar demonios y predicar el reino de Dios, las palabras en Mateo 28 son para todos los cristianos. Esto es claro en Marcos 16, donde Jesús dijo:
Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva  a toda la creación. Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos, y quedaran sanos”. Marcos 16:15, 17-18
Si tú has creído el mensaje del evangelio, entonces las señales mencionadas en este verso te van a acompañar. Así que Dios ha prometido que si pones tus manos sobre los enfermos, ellos sanarán. ¡El poder de Dios es parte de tu herencia en Cristo!

jueves, 13 de noviembre de 2014

El carisma de discernimiento de espíritus es "una iluminación divina o manifestación del Espíritu Santo por la que una persona conoce cuáles espíritus están motivando o impulsando determinada actuación, para proteger del engaño a la comunidad. Es como un mensaje que viene de afuera; no como que surge de la persona misma. Se forma súbitamente en la mente, espontáneamente, completo. No depende del esfuerzo, la iniciativa o los conocimientos de la persona; es un conocimiento que lleva consigo su propia convicción. No se trata de perspicacia, instinto psicológico o espíritu crítico. Puede venir por medio de visiones, o también por sensaciones o sentimientos agradables o desagradables" (P. Carlos Aldunate, s.j.).

Experimentamos durante nuestra vida cristiana, pero sobre todo si hemos emprendido un camino interior de oración, euforias y depresiones, estados interiores de paz o de inquietud, etc, de duración e intensidad variables. Prescindiendo de un origen, debemos saber que todo lo que nos sucede está querido o permitido por Dios para nuestro bien. Sin embargo, para evitar los riesgos que suelen originar estas experiencias, nos conviene aprender a comportarnos en ellas, desarrollando nuestro discernimiento espiritual. Es conveniente y aún necesario psicológicamente que atravesemos por crisis de consuelos y desconsuelos, por tiempos de consolación o de aridez, provenientes del propio temperamento y de otras causas. Dios permite la consolación y la desolación para ayudarnos a llegar a la madurez de los hijos de Dios, por el ejercicio progresivo de la fe, de la esperanza y de la caridad. Es importante que nos acostumbremos a vivir, desde ahora, mas que de sentimientos, de las virtudes teologales; pues "ahora subsisten tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad; pero la mayor de todas ellas es la caridad" (1 Cor 13,13). Pues el amor nos acompañará toda la eternidad. Y sabemos que "el amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener gran desnudez y padecer por el Amado". (San Juan de la Cruz). "El discernimiento presupone la vida de una Iglesia que está llena de poderes sobrenaturales y manifestaciones de la presencia de Dios. La misma riqueza de la actividad divina hace surgir a la superficie las fuerzas del mal, y es también un campo para la actividad religiosa desviada".(Mons. Vincent Walsh). En el ambiente mundano de creciente indiferencia religiosa en que vivimos, nadie se interesa en discernir el origen divino, humano o diabólico de las motivaciones o impulsos; pero al cristiano que está entregado a Jesús como SEÑOR de toda su vida le importa mucho precaverse del engaño y percibir con gozo cuándo "es el Señor" (cf. Jn 21,7).

Carismas y Autoridad A veces se piensa equivocadamente que por tener un Carisma se tiene autoridad en ese campo . No es así . el Carisma no nos da autoridad, por el contrario , nos convierte en siervos de los demás ; y un siervo siempre está sujeto a la autoriudad de Dios . Así como en el cuerpo humano existe un sistema nervioso que ordena y organiza los movimientos de los miembros , así también en el cuerpo de Cristo necesitamos quien dirija toda la actividad de los miembros . Este sistema nervioso es la autoridad . Dios ha delegado su autoridad en primer lugar a quienes Él ha colocado a regir su Iglesia : Sus apóstoles y sus sucesores los Obispos . Ellos son los responsables de discernirlos y de pastorear su recto uso , de acuerdo a un plan global que beneficie a todo el cuerpo de Cristo . " El Carismático " que no reconociera el carisma de discernimiento de los Obispos demuestra que ni cree en los Carismas ni tiene la garantía de ser auténtico . " La Comunidad , principalmente en la persona de sus Pastores , tiene la misión de juzgar sobre la autenticidad de los Carismas y de integrarlos en la misión salvadora "